
Un ex jugador de fútbol cuenta lo siguiente: El fútbol era mi vida. Estaba apasionadamente apegado a la bola de cuero; era todo para mí. A causa del fútbol me olvidaba de mi mujer e hijos. Exhortaciones y amonestaciones no servían para nada. Dios me mostró la tarjeta amarilla dos veces. Me amonestó claramente, primero pude escapar por los pelos de un accidente, y luego mediante el fallecimiento de mis padres. Ante la tumba de mi madre volví a recordar su voz que me decía: –Hijo, ¿no quieres acudir al Señor Jesús? ¿No quieres entregarle tu vida? Lloré, pero mi pasión era más fuerte que mi dolor.
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